Era de esperar. Un presidente extranjero reescribió el 73 y el 19 en Las Condes. El canciller de Chile dijo que eso ocurría fuera de su casa. El presidente de Chile, anfitrión, había cerrado el mismo foro.
El jueves 3 de septiembre, a eso de las diez de la mañana, Javier Milei subió al escenario de San Carlos de Apoquindo. Afuera, septiembre en Las Condes. Mes de la Patria. Adentro empezaba el quinto Foro Madrid. Saludó a Santiago Abascal, que no había podido viajar, felicitó a José Antonio Kast por la asunción y se metió, sin escala, en la historia de Chile.
Dijo que Allende era comunista. Dijo que su derrocamiento abrió más de cuarenta años de estabilidad y crecimiento, y que Chile fue «la envidia» de la región. El 18 de octubre, en ese relato, no fue un país que se quebró: fue «una ola de violencia izquierdista sin precedentes, que dejó decenas de muertos entre 2019 y 2020». La izquierda habría colonizado las instituciones, una a una. Chile, con Kast, «ha vuelto a apostar por las ideas de la libertad». El texto está publicado por Casa Rosada. Ahí está también la frase de los titulares: «el mejor antídoto contra estos zurdos mugrosos, negadores de la realidad son los datos».
Al día siguiente, el canciller Francisco Pérez Mackenna llamó a eso un acto político «fuera del ámbito de la Cancillería». Dijo que no iba a opinar sobre declaraciones de otros foros, «menos del Presidente Milei». El presidente de Chile había cerrado el mismo encuentro la tarde anterior.
Uno puede discutir el volumen. El volumen es lo de siempre. Lo que esta semana deja instalado es otra cosa: el permiso. Un jefe de Estado extranjero reordena 1973 y 2019 en Santiago, con el gobierno anfitrión en la misma cartilla, y el Estado decide que eso «no le compete».
Septiembre, Allende y una tesis
Allende era socialista. Presidente electo. Del Partido Socialista. Llamarlo comunista el 3 de septiembre, en Santiago, instala una tesis. Si Allende era comunista, el 11 deja de ser un quiebre y pasa a ser una corrección. El derrocamiento aparece como el prólogo de la libertad, no como el fin de un gobierno que salió de las urnas.
Hay ocho días entre esa mañana y otro 11. En otros tramos de la transición eso habría bastado para que La Moneda se moviera, aunque fuera con una frase seca. Hoy el malestar se va a los titulares y al Congreso. La Moneda no se mueve. Septiembre ya no opera como límite. Eso también habla del ciclo que estamos viviendo.
Lo que se puede certificar es el movimiento. Primero el 73 como salvación. Después el 19 como recaída. Después Kast como despertar. En el medio, las instituciones chilenas aparecen colonizadas, y la tarea de la derecha es limpiarlas. No es un comentario de pasillo. Es una lectura de régimen, dicha en suelo chileno, al lado del jefe de Estado que acaba de asumir. La cifra de «decenas de muertos» la deja él. Nosotros la citamos. No la certificamos.
Maya Fernández, exministra de Defensa, no esperó a La Moneda. El mismo jueves dijo que las palabras de Milei eran «en extremo graves» porque elogian el derrocamiento de un presidente electo. Esa lectura, escribió, normaliza la ruptura institucional y el golpe de Estado. La gravedad, añadió, se agudiza por el momento y el lugar: a días de un 11 que recuerda torturas, asesinatos y desapariciones. Cerró con lo que el Estado no quiso decir: indolencia hacia las víctimas, «una profunda falta de humanidad».
Un foro, una sede
El Foro Madrid lo organiza la Fundación Disenso, el think tank de Vox. En 2020 firmaron la Carta de Madrid. Kast y Milei estuvieron entre los primeros. Kast ha ido a todos los encuentros regionales. Esta es la primera vez que cierra uno como presidente de Chile. Al terminar la jornada lo recordó: entonces los trataron de extremistas, dijo, y a su juicio no se decía nada fuera de lo ordinario.
Milei abrió. Kast cerró, cerca de las seis, unos veintisiete minutos. En el medio, el cuarto cara a cara entre los dos en un año: bilateral en La Moneda, la primera en Chile con ambos como presidentes. Milei lo pidió con todas sus letras: si ellos tuvieron su red, hay que profundizar la nuestra, porque el adversario no es local. Un gobierno recién asumido tiene derecho a recibir a quien quiera. Lo que no se disuelve con la foto es el rango. Quien abre y quien cierra un encuentro internacional le dan carácter de Estado, aunque después la Cancillería diga que el discurso ocurría en otro recinto.
Figura. El jueves 3: quién abre y quién cierra
V Encuentro Regional del Foro Madrid. San Carlos de Apoquindo, Las Condes.
La jornada es una sola. Quien abre y quien cierra le dan rango de Estado, aunque la Cancillería ubique el discurso en «otro recinto». Horarios de la crónica del 3 de septiembre de 2026; discurso: Casa Rosada.
El mapa sí, la memoria no
La prensa se quedó en el insulto. El click es fácil (click bait), y no es mentira: esas palabras están en el texto. La pregunta que no ocupó la portada es otra. Qué límite institucional fija, o no fija, el gobierno chileno cuando un presidente extranjero interviene en la historia nacional.
En el Congreso pasó lo previsible y, un poco, lo que no. Paulina Vodanovic, Lautaro Carmona, Ignacio Achurra pidieron que Kast condenara. El Partido Socialista dijo que no era una diferencia ideológica: resulta inaceptable que un mandatario extranjero venga a Chile a reivindicar un golpe. También rompió gente que no es de esa vereda. Iván Moreira, vicepresidente del Senado, UDI: un presidente argentino no tiene derecho a ser grosero con la historia chilena, con sus luces y sus sombras. Ximena Ossandón, RN: si uno es patriota, no deja que basureen esa historia. Republicanos y libertarios, en otra mesa, aplaudieron. El gobierno no comentó. Claudio Alvarado, ministro de la Secretaría General de Gobierno, dijo que no iban a convertirse en comentaristas de las expresiones de Milei.
La frase que La Moneda no dijo la dijo, al día siguiente, Fernanda Cornejo (cientista política y periodista) lo hizo en C5N. Respetó la investidura y al pueblo que eligió a Milei. Y fue al hueso: «es inaceptable esto que sucede: es un tema universal, que son los derechos humanos». En Chile, dijo, hay una herida abierta. Miles de detenidos desaparecidos. «Me mataron a casi la mitad de mi familia, y escuchar estas palabras nos lleva al peor período de nuestra historia.» Se puede respetar a un presidente y no dejarle reescribir una dictadura.
La periodista Fernanda Cornejo que vive y trabaja en Argentina se refirió a las palabras de Milei y sacó aplausos: pic.twitter.com/VGUHMT0br5
— H (@hernan_sr) September 4, 2026
Chile tiene una doctrina vieja y, cuando se la usa, útil: las diferencias entre chilenos se resuelven acá. En 2024, cuando Nicolás Maduro quiso colgarle a Sebastián Piñera el Tren de Aragua, Gabriel Boric contestó con esa frase. Un límite, no un favor de coalición. Un jefe de Estado extranjero no entra a arbitrar la historia doméstica.
Ese límite, en septiembre de 2026, se aplicó al territorio y se levantó para la memoria.
La semana no empezó con los adjetivos de Milei. Un brigadier de la Fuerza Aérea argentina, Gustavo Valverde, había dicho que Magallanes era argentino. Seis exalmirantes chilenos escribieron en El Mercurio que es difícil construir confianza mientras subsista un decreto incompatible con los tratados. El Decreto 457 de 2021 trata el Estrecho como zona compartida. Chile protestó en su momento. Argentina se comprometió a corregirlo y el compromiso se fue arrastrando. El 1 de septiembre el ministro de Defensa, Fernando Barros, dijo que el texto correctivo estaba «listo para la firma» de Milei. Al día siguiente, en Punta Arenas, Kast descartó exigirle esa firma. El tema, dijo, está zanjado por los tratados. Argentina «no tiene ni tendrá jamás soberanía ni control» sobre el Estrecho. Después de la visita, Pérez Mackenna informó un compromiso. No se firmó. En la declaración conjunta, Chile reafirmó 1881 y 1984, y apoyó a Argentina en Malvinas.
Se entiende la cautela de frontera. Un decreto de defensa no se arregla en un pasillo. Se entiende menos que la misma Cancillería declare fuera de su ámbito un discurso en el que el presidente de Argentina, en suelo chileno, celebra un derrocamiento y pide sacar a la izquierda de las instituciones. El gobierno usa una distinción como blindaje. El foro sería privado. La bilateral, pública. El mapa, diplomacia. El relato, política de otro.
Nombrar 1973 y el 18-O obliga a pelear adentro. Más fácil empujar eso hacia la opinión de un invitado. El mapa se defiende. La historia se terceriza. Eso es también el tramo del Ciclo 4: la memoria como archivo incómodo. La gramática viaja más rápido que el dato, y por eso escribimos Miente, que algo queda. Milei dice que el antídoto son los datos. Un dato: Allende no era comunista. Otro: el Decreto 457 sigue sin la firma que Barros daba por lista. Otro: el presidente de Chile cerró el foro y su canciller declaró el discurso fuera de su casa.
Soberanía no es solo el trazado del agua. Es quién narra el país cuando el narrador viene de afuera y trae banda presidencial. Es si un gobierno vecino puede decir que el derrocamiento de un presidente electo fue el prólogo de la libertad, y el Estado receptor se encoge de hombros porque «era un foro».
El aval no se juega en el diccionario. Se juega en el protocolo. Quien abre y quien cierra le dan rango al encuentro. Quien después dice que no comenta, le da un trato de impunidad. Chile puede recibir a Milei. Puede discrepar en público. Puede usar una visita para empujar un decreto pendiente. Lo que no puede, si se toma en serio como República, es fingir que un relato sobre el 73 y el 19, dicho por un presidente vecino en Santiago, con el gobierno anfitrión en el escenario, es un asunto de partidos.
El Estrecho, por ahora, tiene tratados y un compromiso. La historia, esta semana, no tuvo ni una frase de Estado.
En Nuevo Ciclo Político leemos la coyuntura como parte de un ciclo, no como una pelea de frases. Discurso de Milei: Casa Rosada, 3 de septiembre de 2026. Declaración de Maya Fernández y del PS, ese mismo día. Intervención de Fernanda Cornejo en C5N, 4 de septiembre. Carta de Madrid (2020) y presencia de Rogers y Roberts: El País y Mala Espina. Decreto 457, Valverde y columna de exalmirantes: prensa chilena de la semana.


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