Un país que produce más con lo mismo puede subir sueldos, pensiones e impuestos sin que alguien pierda. Uno que no, convierte cada reforma en una pelea por la misma torta. Chile dejó de crecer en productividad hace un cuarto de siglo, y la política se volvió eso.
Entre 1991 y 1997 la economía chilena creció 8,2% al año. La productividad total de factores, la parte del crecimiento que no sale de sumar más trabajadores ni más máquinas, creció 3,2% anual en esos mismos años. Entre 1998 y 2011 la economía bajó a 3,9% y la productividad a cero (−0,02%), según las cifras del Comité Consultivo del PIB Tendencial que recoge un estudio publicado por Corfo.
Ese primer tramo financió buena parte de lo que el país recuerda de la transición. La pobreza medida por la Casen bajó de 38,6% en 1990 a 13,7% en 2006, con la metodología de la época (Observatorio Social). Se hicieron carreteras, se amplió la cobertura escolar, subieron los sueldos. No hubo que quitarle a nadie para dar a otros. La torta crecía.
Por qué la productividad es un tema político
Sin productividad, crecer exige más gente trabajando o más inversión. Chile envejece, y la inversión cuesta y tiene techo. Lo que queda es repartir lo que ya hay. Y repartir lo que ya hay, en democracia, es la receta de la polarización: la reforma de pensiones se vuelve una guerra entre cotizantes y empleadores, la reforma tributaria una guerra entre el que paga y el que recibe, el salario mínimo una guerra entre la pyme y el trabajador. Todas esas peleas son reales. Se vuelven de suma cero cuando la economía no produce más.
En Nuevo Ciclo leemos la historia de Chile en ciclos de veinte años. El ciclo de 1990 a 2010 tuvo un pacto implícito: estabilidad y apertura a cambio de crecimiento, y crecimiento a cambio de movilidad. Funcionó mientras el país se ponía al día con la frontera tecnológica. Ponerse al día se agota cuando ya copiaste lo fácil. A fines de los noventa el motor se detuvo y el pacto siguió andando con la inercia de lo que ya se había ganado.
El ciclo que empezó en 2010 es el de esa inercia gastada. «No eran 30 pesos, eran 30 años» se puede leer de muchas maneras. Nuestra lectura agrega una: esos treinta años fueron dos mitades, y la segunda se vivió sin el motor que hizo posible la primera. No decimos que el estallido se explique por la productividad. Decimos que un país que deja de producir más con lo mismo pierde el margen para cumplir lo que promete, y que esa falta de margen se paga en confianza.
Un nuevo ciclo político necesita un nuevo motor. Sin productividad, cualquier programa es una promesa de repartir lo que no alcanza.
El país que dejó de alcanzar a la frontera
La Penn World Table, que compara países con la misma vara, lo muestra con otro corte. En los noventa la productividad de Chile creció 2,6% al año y la de Estados Unidos, 0,9%: Chile acortaba distancia. En los 2000 y los 2010 los dos avanzaron casi igual. Entre 2020 y 2023, Chile −0,4 y Estados Unidos 1,0. La brecha se volvió a abrir. La tabla la publicó Libertad y Desarrollo, que no tiene fama de pesimista con el modelo.
En los noventa Chile cerró brecha con la frontera. Desde 2000 avanzó al mismo ritmo que EE.UU. y desde 2020 quedó atrás. Fuente: Penn World Table, en LyD (2026).
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| Periodo | Chile (% anual) | Estados Unidos (% anual) |
|---|---|---|
| 1990–1999 | 2,6 | 0,9 |
| 2000–2009 | 0,6 | 0,6 |
| 2010–2019 | 0,6 | 0,5 |
| 2020–2023 | -0,4 | 1,0 |
Hay una buena noticia y hay que contarla entera. La Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP) informó en enero que la productividad creció 0,6% en 2024 y entre 0,5% y 0,6% en 2025: dos años seguidos al alza, algo que no pasaba desde 2011 y 2012 si se descuenta la pandemia. Sin la minería, 2025 marca entre 1,0% y 1,2% (La Tercera). La propia Comisión no sabe si es un punto de inflexión. El promedio de cinco años sigue en −0,3%. Dos años buenos sobre quince malos. El dato bueno obliga más: prueba que la productividad se puede mover y deja abierta la pregunta de quién decide empujarla.
Dónde se atascó
La CNEP mide la productividad por sector. En su serie, con 1990 igual a 100, la minería marca 30 en 2024 y la construcción 51. El transporte, 362. La agricultura, 361. El sector que más exporta es el que menos rinde por cada peso de capital y cada hora de trabajo que ocupa.
Minería y construcción terminaron 2024 bajo su nivel de 1990. Transporte, agricultura y servicios lo más que duplicaron. Fuente: Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP).
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| Sector | Índice PTF 2024 (1990 = 100) |
|---|---|
| Transporte | 361,55 |
| Agricultura | 360,59 |
| Servicios | 280,28 |
| Comercio | 208,03 |
| Industria | 106,87 |
| Electricidad, gas y agua | 95,15 |
| Construcción | 51,01 |
| Minería | 30,29 |
El 30 hay que leerlo bien. La Comisión Nacional de Productividad estudió la gran minería del cobre entre 2000 y 2014. La producción subió 19%. Para lograrlo se usó 79% más energía, 157% más trabajo y 178% más capital. Parte es geología: el mineral se empobreció tanto que hubo que procesar cerca de 40% más material por el mismo cobre fino. Corrigiendo por eso, la Comisión estimó una caída de la productividad minera cercana a 1% al año, no de 70%.
19% más cobre con 178% más capital. Corregida por la ley del mineral y por los plazos de inversión, la Comisión estimó una caída de la PTF minera cercana a 1% anual. Fuente: Comisión Nacional de Productividad (2017).
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| Variable | Aumento 2000–2014 (%) |
|---|---|
| Producción de cobre | 19 |
| Energía | 79 |
| Trabajo | 157 |
| Capital | 178 |
Cochilco, que también corrige por la ley del mineral, concluyó en su estudio de 2015 que la caída excede lo que explica la calidad del recurso: queda la gestión, la tecnología y las personas. El Banco Central, con otro método, llegó a una cifra corregida levemente positiva (IPoM, marzo de 2018). Las mediciones no coinciden. Todas dicen lo mismo en lo político: con veinte años de mineral cada vez más pobre, la respuesta fue más máquinas y más gente, y no más tecnología en la faena.
La construcción en 51 no tiene geología a quien culpar. Ahí están la obra hecha a mano, el permiso que se demora y un Estado que es el mayor mandante del sector. Es el sector donde se construyen las viviendas, los hospitales y las carreteras que cualquier nuevo ciclo va a prometer. Si la obra no se vuelve más productiva, cada promesa cuesta más y llega más tarde. Nuestra propuesta de una oficina nacional de inversión y permisos apunta ahí.
El Estado que ayuda al que vende y no le pide nada al que compra
En la minería el país hizo casi todo lo que se recomienda para crear proveedores: promoción comercial desde 1990, clusters entre 2006 y 2010, el programa Proveedores de Clase Mundial desde 2008, Alta Ley y el Centro Nacional de Pilotaje desde 2015, una Estrategia de Proveedores 2026–2030. Casi toda esa política fue de oferta: subsidiar al proveedor para que innove. Muy poco tocó el criterio de compra de las grandes mineras. La encuesta de Cochilco de 2025 a 806 proveedores (muestra no probabilística) muestra el resultado: el 65% invierte menos de US$ 50 mil al año en innovación, solo el 3% ha usado la ley de incentivo tributario a la I+D, y la barrera más citada, con 36%, es lo conservadora que es la minería como cliente.
Ese es un problema político, no de industria. Codelco es del Estado. El mayor comprador de tecnología minera del país tiene como dueño al mismo Estado que financia, hace tres décadas, los programas para proveedores. La pieza que falta no es otro subsidio. Es que el dueño decida cómo compra.
La literatura dice por qué importa. Daniel Lederman y William Maloney mostraron (Banco Mundial, 2003) que la I+D rinde más en los países en desarrollo y que los países ricos en recursos naturales tienen retornos altos pero invierten menos. Xavier Cirera y Maloney llamaron a eso la paradoja de la innovación: si rinde tanto, no se hace porque faltan los complementos, gestión, ingenieros, empresas capaces de absorber lo nuevo. Diego Comin y Martí Mestieri (2018) mostraron que las tecnologías llegan cada vez más rápido a los países de ingreso medio, pero se usan menos una vez que llegaron, y que esa intensidad de uso explica la divergencia de ingresos del siglo XX. La tecnología llega a Chile. No entra a la faena ni a la obra.
El primer ciclo que estudiamos, el de 1950 a 1970, fue el de un Estado que decidía: Corfo, CAP, Endesa. Tuvo errores que conocemos. Pero entendía que el desarrollo productivo es una decisión pública. El ciclo de 1990 delegó esa decisión en el mercado y le fue bien mientras había camino fácil. El que viene no puede volver al Estado empresario de los cincuenta ni seguir esperando que la productividad aparezca sola.
Lo que proponemos: un pacto de productividad
La productividad no se decreta, pero se decide dónde se empuja. Estas son las cinco decisiones que ponemos sobre la mesa.
El Estado compra como dueño. Codelco y ENAP con una meta pública de compra a soluciones validadas en piloto, con criterios de éxito acordados antes y compromiso de contrato si se cumplen. Lo mismo para las compras del propio Estado en salud, agua y obras. La compra pública de innovación existe en el papel. Le faltan presupuesto y metas.
El riesgo del piloto se comparte. Una garantía pública que cubra parte del costo de un piloto fallido le baja el miedo al comprador conservador sin regalarle nada al proveedor. Mueve más de lo que cuesta.
La obra se industrializa. Permisos con plazos que se cumplen y el Estado usando su peso de mandante para exigir métodos que rindan más. La construcción en 51 es el cuello de botella de todo lo que se promete construir.
La pyme aprende a adoptar. Programas de gestión y adopción tecnológica para pymes, porque sin gestión la tecnología no entra. Va en la línea de nuestra Agenda Pro-PyME.
La ciencia tiene piso. Nada de esto dura si el presupuesto de ciencia e innovación depende del gobierno de turno o del precio del cobre. Hoy pesa 0,35% del PIB, menos que en 2011. Lo desarrollamos en el ensayo sobre el presupuesto de ciencia.
Por qué esto es el nuevo ciclo
Nuestro programa económico partía de este diagnóstico: un modelo productivo estancado, de baja complejidad, colgado de pocos sectores. En Innovar con soberanía propusimos la salida: pasar del país que extrae al país que produce conocimiento, con I+D, talento y un Estado que conecte la ciencia con la producción. Perdimos la elección. El diagnóstico sigue ahí. El gobierno que ganó prometió crecer bajando impuestos y ordenando el gasto. Tiene dos años de productividad positiva que puede aprovechar o gastarse. Si los lee como prueba de que basta con esperar, desperdicia la mejor noticia económica en quince años.
El ciclo de 1990 se sostuvo en un motor que se apagó a fines de los noventa. El que se abra hacia 2030 va a tener que decidir cuál es el suyo. Puede ser otra vez el cobre caro, que sube y baja sin pedirle permiso a nadie. O puede ser un país que aprende a producir mejor lo que ya sabe hacer, empezando por la minería, donde es el mayor productor del mundo y donde el Estado es dueño del principal comprador. Si ahí no logramos que una tecnología que funciona se vuelva contrato, no lo vamos a lograr en ninguna parte. Y sin eso, el próximo ciclo va a ser otra pelea por la misma torta.
Preguntas frecuentes
Preguntas frecuentes sobre la productividad en Chile
¿Qué es la productividad total de factores?
Es la parte del crecimiento que no se explica por sumar más trabajadores ni más capital. Mide cuánto mejor se combinan: tecnología, gestión, organización. Cuando sube, el país produce más con los mismos recursos.
¿Cuánto creció la productividad en Chile en 2025?
La CNEP estimó que la PTF creció entre 0,5% y 0,6% en 2025, después de 0,6% en 2024. Sin minería, entre 1,0% y 1,2%. Son dos años seguidos al alza, algo que no pasaba desde 2011-2012 sin contar la pandemia, pero el promedio de cinco años sigue siendo negativo.
¿Por qué cayó la productividad de la minería en Chile?
Por la caída de la ley del mineral, que obliga a mover más material por el mismo cobre, y por la reacción al súper ciclo de precios, que privilegió producir más sobre producir mejor. Corrigiendo por la ley, la Comisión Nacional de Productividad estimó una caída cercana a 1% anual entre 2000 y 2014, y Cochilco concluyó que la geología no la explica toda.
¿Por qué la productividad importa para la política?
Porque cuando un país produce más con lo mismo puede subir sueldos, pensiones e impuestos sin que alguien pierda. Cuando no, cada reforma se vuelve una pelea por repartir lo que ya hay. Chile creció 8,2% al año entre 1991 y 1997 con la productividad subiendo 3,2%; desde fines de los noventa la productividad casi no creció.
¿Qué propone Nuevo Ciclo para subir la productividad?
Un pacto de productividad con cinco decisiones: que el Estado compre como dueño, con metas públicas de compra de innovación en Codelco, ENAP y las compras públicas; garantías que compartan el riesgo de los pilotos; industrializar la construcción y acortar los permisos; programas de gestión y adopción para pymes, y un presupuesto de ciencia e innovación con piso.
Equipo Económico de Nuevo Ciclo Político. Las cifras por sector de 2024 (índice 1990 = 100) son de la serie de productividad total de factores por sector de la CNEP. El estudio de 2017 es de la Comisión Nacional de Productividad, antecesora de la CNEP. La encuesta de Cochilco (2025, n = 806) es no probabilística. La pobreza Casen 1990–2006 usa la metodología de esos años, no comparable con la actual. Los gráficos se pueden descargar en PNG, SVG y CSV citando la fuente original. Foto: camiones de extracción en una mina de cobre a rajo abierto. iStock / 1318883236.


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